viernes, 11 de julio de 2014

En Asturias, gracias al oro

Vengo de bañarme en la playa de Torimbia, una de las más bellas de Asturias. No os podéis imaginar qué paraíso es aquello.

Además, si os gusta practicar nudismo, allí podéis hacerlo, porque es un lugar con muy buen ambiente donde encontraréis a nudistas conviviendo pacíficamente con no nudistas.

La playa está al pie de un acantilado y no podréis llegar hasta ella en coche. Los vehículos se tienen que quedar arriba y tendréis que caminar un buen tramo para llegar a la arena. De todos modos, el camino está en perfectas condiciones y la bajada se hace una gratísima experiencia, ya que puedes apreciar con perspectivas y excelentes vistas el bellísimo rincón al que te diriges.

Cuando al fin estéis junto al mar, descubriréis una playa de arenas doradas, limpia, abierta y con unas aguas increíblemente transparentes.

No querréis marcharos en todo el día.

Me encanta viajar y hacer turismo por el norte de España, porque uno tiene la ocasión de encontrar paraísos como este.

Además, Asturias es uno de mis destinos favoritos, en especial Gijón y su paseo marítimo.

Y qué decir de la sidra, las fabes y en general toda la cocina asturiana… Cada vez que voy me sabe a poco.

Recuerdo una ocasión en que viajé a Asturias con mis hermanos y nos alojamos en Oviedo. De noche, salimos a dar una vuelta por la calle donde están todos los bares y las sidrerías. Pues bien: llegamos allí a las nueve, y eran las tres de la madrugada y aún estábamos bebiendo sidra. Así que con eso, ya os lo he dicho todo.

Y pensar que este verano he estado a punto de quedarme sin viajar de nuevo a Asturias…

Hace quince días ya había descartado la posibilidad del viaje, con todo el dolor de mi corazón.

La razón era muy simple: no tenía dinero. Es que después de pagar el IVA, los autónomos, el alquiler, la luz y un montón de cosas más, me había quedado casi a cero en la cuenta. Y el verano es muy mal mes para mi trabajo. Los clientes dejan sus asuntos para después del verano y yo casi no tengo ingresos.

Prácticamente ya me había olvidado de hacer mi ruta turística anual del verano, cuando una tarde, paseando por mi barrio, me fijé en una tienda de estas de compro oro y me llamaron la atención los carteles que tenía en la fachada, sobre compra de oro a unos precios muy interesantes.

Entonces recordé que mi tía Mariló desde que yo era pequeña, tenía (y sigue teniendo) la costumbre de regalarme cosas de oro: anillos, pendientes, gargantillas, relojes, pulseras… Y yo jamás me las pongo ni las uso, porque nunca me han gustado los adornos de oro.

Además, salir con oro encima por la ciudad me parece algo temerario. Así que para ponerme algo que no me gusta y encima ir asustada, pues prefiero dejarlo guardado en casa, donde lleva años cogiendo telarañas.

De modo que me dije que por qué no: reuní todo el oro (era un montón) y acudí al COMPRO ORO. Por fin pude deshacerme de un montón de objetos que no necesitaba ni quería y tuve dinero de sobra para hacer mi viaje a Asturias.

Eso sí: como la tía Mariló se entere de lo que he hecho, no veas la bronca que me espera. Y lo primero que hará será contárselo a mi madre, que me echará otra buena regañina.

Mi tía siempre que me ve me dice que por qué no me pongo los pendientes que me ha regalado. Yo le digo que se me han olvidado. El día que averigüe la verdad, le dará un infarto.

Entre tanto, a ver si hay suerte y este año me regala muchas más cosas de oro: así podré irme de viaje también el próximo verano…

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