miércoles, 18 de junio de 2014

El posicionamiento SEO mas viajero

Fue en febrero de 2012 cuando tuve la genial idea de viajar a Burgos.

La ola de frío que azotó al país justo ese invierno, se cebó conmigo durante todo el trayecto y más aún cuando logré alcanzar mi destino en la capital burgalesa.

Jamás había pasado tanto frío en mi vida: los termómetros llegaron a bajar en algunas zonas a veinte grados bajo cero.

Yo me convertí en una especie de sabañón andante.

Por fortuna, aquella es una ciudad bien preparada para el frío, y después de unos buenos vinos de la tierra, algún que otro guiso y sus sabrosas morcillas, mi organismo comenzó a entrar en calor.

¿Y qué hacía yo, residente en Málaga de toda la vida, a tantos kilómetros de mi cálida y bella ciudad, en medio de aquella blanca y gélida Siberia Ibérica?

Oh, c'est l'amour...

Pues estaba allí porque había ido a visitar a mi novio el informático y experto en posicionamiento SEO.

Cuando lo conocí hace 2 años, la primera vez que me contó que él era especialista en posicionamiento, pensé que se burlaba de mí y me quería decir con ello que tenían interés sexual hacia mi persona y que deseaba practicar conmigo técnicas del kamasutra. Apunto estuve en aquel momento de tener una seria pelea con él.

La ignorancia es atrevida.

Por suerte, me contuve y busqué en internet qué era eso del posicionamiento y del SEO.

Descubrí atónita que era una profesión muy digna y muy requerida por empresas y profesionales que tratan de dar a conocer sus negocios y conseguir más clientela.

Y saber que mi futuro novio no era un pervertido sexual me alivió mucho, porque yo para casarme y tener hijos, quiero un hombre decente y no el primer bárbaro que se cruce en mi camino.

Es lo que mi madre me enseñó desde la cuna.

Con el tiempo, incluso ha aprendido un montón de cosas sobre eso del posicionamiento SEO y los buscadores de internet, y como se está convirtiendo en un factor indispensable para multitud de negocios. De hecho, rara es la mediana  o gran empresa que no cuenta ya con un departamento interno dedicado a estos menesteres.

La diferencia entre contar o no contar con un buen servicio de posicionamiento suele ser más que significativa.

Y como suele decir mi novio, quien no está en Google, no existe.

Ah, y volviendo al tema del viaje y la ola de frío, no os perdáis lo que me pasó el tercer día de estar allí.

A mi novio lo llamó un cliente de León y tuvo que ir a visitarlo. La noche antes me contó que había un pueblo leonés llamado Castrillo de los Polvazares, próximo a Astorga, donde se comía el mejor cocido maragato de toda la Maragatería.

Y como me las maragatería yo, que al final me convenció para ir hasta allí a probar el dichoso cocido.

El caso es que quedamos atrapados en una carretera de montaña y tuvieron que rescatarnos en helicóptero.

Me quedé sin probar el cocido y le dije a mi novio que habíamos terminado.

Aquello fue demasiado. ¡Mira que hacerme eso a mí!

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