viernes, 23 de mayo de 2014

Juegos de cocinar en los viajes

Una de las cosas que menos se apetecen en los viajes es la de estar cocinando, que si ya en casa es un incordio, al menos tienes en la cocina prácticamente todo lo que necesitas. Sin embargo cuando estás por ahí de viaje lo más probable es que de seguro te falte algún ingrediente para cocinar y dado que te encuentras en un lugar donde posiblemente no conozcas donde adquirirlo, y en algunos casos hasta desconozcas como se pide ese determinado ingrediente en el lugar donde te encuentres en ese momento, que bien podria ser cualquier país extranjero.

Yo antes de irme de viaje lo que hago es ensayar con los juegos de cocinar para ver qué y cómo voy a comer en el lugar de destino por más que no siempre lo consiga, ya que lo ideal es comer siempre fuera y que te pongan la comida por delante, pero entonces lo mismo has de contar con un presupuesto para viajar muy superior al que al menos yo, usualmente manejo. La otra opción es viajar menos pero con más comodidades, cosa que no es muy de mi agrado. Yo soy de los que prefiere viajar más o mucho más, aunque haya de pasar alguna que otra privación en los viajes como en el tema de la comida, que resuelvo a base de comer bocadillos y caletando latas de comida precocinada.

Otras veces por contra voy con dinero suficiente como para comer fuera a diario pero no doy con un sitio que me guste, como me pasó en Francia que mucho presumir de buena cocina, pero que no hay quien se la coma y tuve que optar por hacer la compra en un supermercado local y comer en el apartamento. Como anécdota contar que los mejores sitios donde comí en Francia fue en los Mac Donalds. Al regresar a Málaga, recuerdo que estuve casi un año sin pisar uno y desde entonces, no he vuelto por Francia. Hasta el pan de panadería, estaba soso.

Volviendo al tema de los juegos de cocinar, yo me reía de ellos cuando de pequeñajo veía a mi hermana preparando comiditas como ella llamaba a una especie de gachas o potitos que hacía, y que incluso se comía, hasta que una tarde de verano preparó unos plátanos aplastados con zumo de limón, fresas y azúcar. Olía bien y sabía muchísimo mejor, así que la nombré mi cocinera particular a cambio de hacerle los deberes del colegio. Hasta que un día la profesora la pilló, mi hermana se fue de la lengua, y la castigaron a ella sin salir a jugar y a mi sin postres. No recuerdo cuanto tiempo nos duró el castigo, pero jode eso de que te quiten tus postres favoritos.

Otro sitio al que acudo en mis viajes siempre que encuentro uno, son a lo que llaman bufetes libres pero no de abogados, sino de comida. Son lugares en los que pagas una cantidad a tanto alzado y puedes comer hasta reventar si quieres o puedes hacerlo, pero sin desperdiciar la comida. En algunos sitos chinos además tienes incluída la bebida, aunque ellos lo llaman algo como bebida siempre llena.

Hay incluso juegos de pasteles, donde los niños aprenden a hacer sus propios dulces. Jugando con mi hermana aprendí a hacer unas fantásticas tartas de galleta con mantequilla o margarina, nocilla que ahora se llama nutella, mermelada de naranja amarga y por encima espolvoreada con coco. Receta que también saqué de los juegos de cocinar y que aún hoy varias décadas después, sigo haciendo para mi propio disfrute y el de mis invitados.

¿Alguien dijo que los juegos de cocinar son una pérdida de tiempo?

Que no lo haga delante mía.

Y mucho menos, en mis viajes o en mis vacaciones.

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