lunes, 14 de abril de 2014

Los libros mas viajeros que tengo

Siempre que salgo de viaje procuro llevar tres cosas como en el anuncio ese de qué te llevarías a una isla desierta, que son: unos alicates de presión tipo pico loro, un billete grande por si acaso lo necesito, y un libro. En concreto me llevo una edición extendida del Quijote, probablemente el libro que mas veces he leído, y que por más veces que lo leo, creo que nunca me cansaré de releerlo una y otra vez. Probablemente hasta que me lo sepa de cabo a rabo, que no se lo que significa esa expresión, pero desde luego que me gusta soltarla de vez en cuando.

¿Y por qué un libro? Pues porque la lectura es algo que me relaja un montón, y como la mayoría de mis desplazamientos son por motivos de trabajo, tanto antes como después del mismo procuro echar un sosegado rato de lectura, cosa que repercute positivamente en mi desempeño profesional. Hay quienes se relajan mascando chicle, otros comiendo pipas, algunos dejando la mirada perdida en el horizonte, y yo, leyendo un libro. Este libro en concreto es de la editorial Signo Editores, y me salió bastante bien de precio. De hecho ya lo tengo más que amortizado, de tantas veces como lo he leído.

Y pasa algo muy curioso con el quijote en las aduanas, que la mayoría de los aduaneros se sorprenden que un viajero cargue con un libro que además ellos han leído, y solemos comentar algún pasaje del mismo, como el de la famosa ínsula que Don Quijote le prometió a Sancho, la liberación de los presos a cambio de que fueran a presentarle sus respetos a la ínclita e imaginaria soberana y alta señora Dulcinea del Toboso, e incluso su epitafio, una obra maestra donde las haya.

En fin, que me gusta muchísimo El Quijote.

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