jueves, 14 de febrero de 2019

Un viaje con sorpresa

Cuando a principios de verano mi marido y yo cogimos vacaciones y nuestros amigos Inés y Pepe nos propusieron hacer juntos un viaje a Zaragoza, ni yo ni José estábamos muy convencidos.

Nosotros ya conocíamos la ciudad, porque estuvimos allí el año pasado visitando a una tía de José. Si bien es verdad que no nos dio tiempo entonces a hacer turismo y vimos el centro urbano y poco más, tampoco me llamó demasiado la atención esa provincia. Supongo que fue por culpa de las circunstancias y de las prisas.

Inés y Pepe, en cambio, hablaban maravillas de toda aquella zona y tenían especial interés en conocer el Monasterio de Piedra.

Yo había oído hablar de él en infinidad de ocasiones. En concreto, por ese paraje, sí sentía yo un poco de interés y curiosidad por verlo.

Así que al final decidimos hacer el viaje con ellos.

Nunca imaginamos que aquella excursión cambiaría para siempre nuestras vidas.

Llegamos a Zaragoza un jueves por la tarde. Al día siguiente, estaba prevista la salida –a las nueve de la mañana- en autobús para ir al Monasterio, en la población de Nuévalos.

Quedé fascinada durante dos horas viendo aquel sorprendente espacio natural. Nos fueron guiando para ver los puntos más conocidos, como el Mirador de la Cola de Caballo, la Gruta Iris, el salto de agua de la Cola de Caballo, la Peña del Diablo, el Lago del Espejo, el Lago de los Patos…

Fue justo cuando mirábamos la Peña del Diablo (sobre las doce del mediodía), cuando una sombra descomunal eclipsó el sol. Miramos todos hacia el cielo y no pudimos creer lo que estábamos viendo: un pájaro con alas, de al menos tres metros cada una de envergadura, se acercaba hacia nosotros volando. Con un movimiento rápido y seguro, se posó sobre la Peña del Diablo y nos miró con sus ojos rojos y luminosos como brasas.

Gritos, desmayos, pánico… En unos segundos el caos se adueñó de los visitantes. José y yo nos quedamos paralizados por el miedo y la curiosidad y fuimos capaces de mirar con detenimiento lo que teníamos delante.

Un dragón. Como los de las películas, pero de verdad.

Tenía una expresión feroz en la cara, grandes colmillos y piel escamosa de color azul y verde.

De pronto, empezó a lanzar fuego por la boca, en todas direcciones. Se notaba que estaba enfadado.

José y yo conseguimos ponernos a cubierto detrás de unas rocas, y desde allí seguimos observando al increíble animal. Entonces observé y me di cuenta de cuál era la razón de su enfado: no paraba de agitar su pata derecha, que estaba encadenada a la izquierda, por una cadena de gruesos eslabones, cerrada con un gigantesco candado. El pobrecillo dragón quería liberarse de aquella trampa y por eso no paraba de lanzar fuego y rugir. Por sus expresiones de dolor, se notaba que las cadenas le hacían daño.

Así que me armé de valor, enarbolé una bandera blanca y fui a hablar con el dragón, que se mostró muy comprensivo y me explicó en la lengua dracona –que conozco desde pequeña- que su domador –un hombre malvado –lo había encadenado, pero él logró escapar.

Entonces recordé que esa misma mañana, un hombre en la calle me dio un papel con publicidad de un cerrajero barato en Zaragoza. El papel seguía en mi mochila. Lo saqué, lo llamamos y en menos de media hora llegó y liberó al dragón de su trampa. En agradecimiento, el dragón –que se llamaba Renato- nos entregó a cada uno (a José, al cerrajero y a mí), una escama de su cola, que trae buena suerte.

Al día siguiente nos tocó la primitiva y ahora somos millonarios.

Y yo sin saber que había dragones en Zaragoza…

Gracias, Renato. Te queremos.

martes, 8 de enero de 2019

El secreto de la belleza y los viajes

Hay una campaña de e-marketing dirigida a difundir los servicios de las empresas con más solera de nuestra localidad. La semana pasada, nos entrevistamos con una chica. Esta fue la charla que mantuvimos con ella:

Nueve menos un minuto de la mañana. El día no podía haber empezado peor: lluvia torrencial y una tormenta acompañada de rayos y de truenos que hacen daño en los oídos. En el recibidor de Viajes Nosvamos entra una mujer rubia de ojos increíblemente azules, rostro perfecto y un cuerpo que corta la respiración. Se dirige a nosotros y nos dedica una radiante sonrisa que nos deja mudos y desarmados durante un par de minutos. Se presenta como Sofía, propietaria de la Agencia. Una vez que logramos recuperar el habla y nos secamos la baba, comenzamos la entrevista:

- Hola, vaya día hemos escogido...

- Bueno, me encanta la lluvia. Yo soy del norte y allí es de lo más normal.

-¿Desde cuándo eres propietaria?

- Empecé en el 2009, cuando mi marido y yo fundamos la empresa.

- ¿Notáis mucho la crisis?

- La crisis se ha notado en todos los sectores, pero nosotros no podemos quejarnos. El público elige otros destinos, tenemos que ingeniar más y mejores ofertas, pero nuestro negocio se mantiene con bastante solidez en los últimos años.

- ¿La gente ya no elige los mismos sitios de antes para hacer turismo?

- Son muchos los que han cambiado los destinos internacionales para aficionarse al turismo nacional. De hecho, es frecuente que personas que han recorrido medio mundo, aún desconozcan muchos de los rincones fascinantes y de las peculiaridades de su propio país.

- ¿Y repiten?

- Ya lo creo que sí. Suelen quedarse gratamente sorprendidos con lo que han visto y no se podían imaginar que hubiera paraísos tan cerca de sus hogares. Ya no hace falta marcharse a Cancún para hacer turismo.

- ¿Y la duración de los viajes? ¿Ha cambiado?

- Sí, ahora casi todos los clientes eligen viajes más cortos, de dos o tres días o una semana como máximo. Algunos prefieren hacer más viajes y que todos sean de corta duración, en lugar de hacer uno solo largo.

- No hemos podido evitar fijarnos en una cosa...

- Dispara.

- Aunque no venga  al caso, dinos: ¿Cuál es el secreto de tu belleza? ¿Estás así de guapa porque te gustan los viajes, porque viajas mucho, porque estás haciendo siempre turismo, o por qué?

Risas en la oficina y sonoras carcajadas:

- ¿De verdad queréis saber mi secreto?

- ¡Claro!

- Ser feliz, una buena alimentación, mi marido y el toque mágico de los doctores. Son unos excelentes profesionales y además muy simpáticos. En sus Clínicas te hacen todo tipo de operaciones y técnicas de belleza, incluidas dietas a medida. Además, le facilitan la vida al cliente en materia económica, financiando los tratamientos. Llevo seis años acudiendo a ellos y me tienen totalmente fidelizada. Se los recomiendo a todo el mundo.

- Muchas gracias.

- Gracias a vosotros.